Asistir como Alcaldesa a esta entrega de Honores y Distinciones a través de la que Gijón premia los valores que han hecho de esta una ciudad distinta, una ciudad, si me permiten, inigualable.
Si en la edición del año pasado quise poner el acento sobre el concepto de cuidar como nexo entre todos los galardonados, creo que este año, el hilo conductor de a quienes esta ciudad reconoce es el de la seguridad.
Seguridad entendida como protección, pero también como confianza, como apoyo y salvaguarda de las raíces, como responsables de lo colectivo. Gijón es una ciudad moderna que siempre ha entendido el progreso como la convivencia entre tradición y vanguardia. Gijón es una ciudad acogedora que siempre ha arropado a quienes lo han necesitado y donde valores como la justicia, la libertad y la convivencia sientan las bases de cada uno de sus avances.
Gijón es, en definitiva, una ciudad consciente de sus capacidades y comprometida con la forma y el fondo.

Este año, la Medalla de Oro recae en la Asociación Gijonesa de Caridad, conocida por todos como la Cocina Económica. Es la forma en que Gijón premia más de un siglo de entrega desinteresada al servicio de los más vulnerables. Desde su fundación, en 1905, la Cocina Económica ha sido un auténtico faro de solidaridad, un refugio para quienes más lo han necesitado. Su labor, a todas luces encomiable, ha ido tejiendo a lo largo de los años un vínculo extremadamente profundo con la ciudadanía; una especie de hilo conductor de la humanidad ejemplar que siempre ha caracterizado a Gijón y su gente. Vaya para ellos la mayor de mis felicitaciones por ese gran trabajo que hoy reconocemos y que día tras día hace de esta una ciudad mejor.

A su vez, las Medallas de Plata distinguen hoy a tres instituciones que son, sin lugar a dudas, patrimonio inmaterial de Gijón. En el caso de los Serenos, ese patrimonio es también una sensación y un privilegio, el de vivir en una de las ciudades más seguras de España y el de saberse en todo momento acompañado. En un momento donde a menudo se prima lo revolucionario en detrimento de lo tradicional, los Serenos han sabido preservar su figura entrañable, símbolo de confianza, y combinarla con la adaptación a los tiempos y la garantía de compañía, apoyo y auxilio a gijoneses y gijonesas. Su figura es, como digo, superior a las cuestiones tangibles. Los Serenos son confianza; son casa.

Por su parte, la Medalla de Plata concedida al Centro de Atención Integral a Mujeres Víctimas de la Violencia de Género, conocido por todos como Casa Malva, premia el papel pionero y esencial de esta institución en la protección y el acompañamiento de mujeres víctimas de violencia machista. Gijón reconoce así a un centro que desde su creación ha ofrecido un servicio impagable como espacio seguro para todas aquellas mujeres que han sufrido el drama de la violencia de género. Gijón reconoce así el compromiso con la igualdad, la justicia y la dignidad.
En tiempos donde el día a día atropella con frecuencia las cuestiones de fondo, conviene no olvidar que la violencia contra las mujeres es, y por desgracia así lo comprobamos con demasiada frecuencia, un problema de nuestra sociedad que sigue pendiente de solucionar.

Decía que las Medallas de Plata recaen este año sobre tres instituciones y así es. Porque hablar de Janel Cuesta es hablar de una institución 100% gijonesa, 100% playa. A sus 92 años, Janelha dedicado más de la mitad de su vida al estudio y la divulgación de la historia de Gijón. Incansable defensor de la memoria local, sus publicaciones y participación en la vida cultural han enriquecido el conocimiento y el amor por esta villa. No en vano, su figura es, de forma inevitable, sinónimo de sabiduría, generosidad y compromiso con un legado que es de todos y todas.
Mi más sincera enhorabuena por estos tres galardones.

Al mismo tiempo, este año Gijón también otorga el título de Hijo Predilecto a José Ángel Valdés ‘Cote’. Una distinción que reconoce a un futbolista especial; un futbolista, si me permiten, distinto. Con una carrera deportiva al alcance de muy pocos, Cote representa un tipo de deportista en peligro de extinción. Nacido en el barrio de Roces, ha llevado el nombre de Gijón por el mundo desde el mayor de los orgullos y desde un sentimiento de pertenencia inconfundiblemente gijonés. Su generosidad, deportividad y forma de entender el vínculo con la ciudad que le vio nacer y el club que le formó lo convierten en un referente no solo para las nuevas generaciones de futbolistas, sino también para una sociedad que debe crecer y desarrollarse desde valores tan limpios como el orgullo por lo propio. A lo largo de su carrera, Cote salió muchas veces de Roces, pero Roces nunca salió de Cote.
Felicidades por este galardón.
Todas estas personas e instituciones conforman un reflejo indiscutible de la ciudad que tenemos entre manos, de nuestra historia y de la hoja de ruta que nos permitirá alcanzar los objetivos que Gijón se ha marcado para continuar liderando el desarrollo.
Vivimos un momento excepcional, un periodo de crecimiento extraordinario, como hace muchos años que no ocurría, en el que nuestra ciudad camina decidida a por el futuro con unas bases sólidas y una ambición recuperada. Gijón tiene, por fin, proyecto, plazos y financiación para hacer frente a sus principales retos. Ahora bien, la ciudad debe acompañar la conquista de este momento bajo los mismos valores que nos permitieron soñarlo. De nada sirve un crecimiento que no entienda de convivencia, de libertad y de igualdad. De nada sirve un crecimiento vacío.
Gijón va a crecer, pero sin olvidar lo que somos. Sin olvidar lo que hoy premiamos.



