Debo reconocer que el de hoy es uno de esos días en los que una se siente especialmente orgullosa de ser de Gijón. Y es que hoy, nuestra ciudad reconoce a dos de sus ciudadanos más ilustres, dos hermanos que, a través del deporte, han sabido llevar el nombre de Gijón a lo más alto, a ese lugar reservado a trayectorias excepcionales; carreras doradas repletas de títulos y valores.
Que a partir de hoy este pabellón del barrio de El Llano lleve el nombre de los Hermanos Entrerríos es mucho más que un homenaje. Es un acto de justicia y gratitud por todo lo que a través del balonmano, han dado a la ciudad; un acto de compromiso con el talento y la deportividad que siempre ha caracterizado a dos gijoneses orgullosos de serlo.
El deporte es mucho más que la competición y la victoria; el deporte es una escuela de valores; una fábrica de ciudadanía en la que Alberto y Raúl Entrerríos son espejo e inspiración.
No en vano, hablar de los hermanos Entrerríos es hablar de entrega, de esfuerzo y, sobre todo, de humildad. Hablar de Raúl y de Alberto es hablar de balonmano en mayúsculas, de respeto y la pasión intrínseca por lo que uno hace.

Hablar de los hermanos Entrerríos es, en definitiva, hablar de un legado que va mucho más allá de los títulos y de los éxitos en las pistas. Éxitos que son por supuesto inolvidables, pero que se ven superados por la forma extraordinaria en la que fueron logrados, por el ejemplo de compromiso y, sobre todo, por ese sentimiento de pertenencia que siempre han llevado consigo.
El Pabellón Municipal de El Llano-Contrueces no es un lugar cualquiera; nunca lo ha sido. Este es un lugar cargado de historia, un recinto donde se han formado y se forman cientos de niños y niñas que sueñan con llegar a lo más alto. Que este pabellón lleve desde hoy el nombre de los Hermanos Entrerríos es, si me lo permiten, un mensaje claro: el mensaje de que el camino al éxito se construye con esfuerzo, con compromiso y con generosidad.
Gracias, Alberto y Raúl, por haber representado siempre Gijón y Asturias desde el orgullo infinito por vuestras raíces; desde el recuerdo constante a vuestra tierra.
Gracias de nuevo por vuestro ejemplo, por vuestro compromiso y por vuestra forma de entender Gijón.
Este pabellón es desde hoy un símbolo.


