Escribía Jovellanos en una carta a su hermano Francisco de Paula en 1787 que había que extender los árboles por toda Asturias y plantar sauces en el Humedal, junto a la Capilla de San Lorenzo, al borde del mar detrás de la Iglesia de San Pedro y subiendo hasta coronar el Cerro de Santa Catalina.
Decía Jovellanos que los sauces hacen un bellísimo efecto, alternando su forma abatida y lagrimante con la de otros árboles, y continuaba diciéndole a su hermano «bien mereceríamos que este árbol perpetuase nuestra memoria y nuestro nombre, haciéndose conocer por el sauce de Jovellanos». Y es que deseaba que la posteridad lo que recordase con la existencia de un árbol que se llamase el sauce de Jovellanos.
Su deseo se hizo realidad el 30 de septiembre de 1959 cuando coincidiendo con la festividad de San Miguel se plantó un sauce en memoria del prócer gijonés. Pero en 1987 un rayo se lo llevó por delante durante una tormenta.
Hoy hacemos realidad el anhelo de muchos jovellanistas al recuperar el sauce de Jovellanos.
Nuestra ciudad custodia con cariño numerosos símbolos jovellanistas. Escritos políticos, informes, obras dramáticas y poesías. En su recuerdo tenemos el Instituto Jovellanos, en el Natahoyo el «mirador de Jovellanos», en el centro una calle y un teatro municipal, y por supuesto su casa natal que guarda el imborrable recuerdo de su personalidad y su época. Por ello no podíamos dejar en el olvido otro de los símbolos jovellanistas, máxime cuando se trata del árbol más querido por Jovellanos.
Plantamos por lo tanto hoy un nuevo sauce para el disfrute de gijoneses y visitantes en el pulmón verde de nuestra ciudad, el Parque Isabel La Católica.