Hay lugares que, aunque desaparezcan, siguen muy presentes en la memoria colectiva. La estación de El Vasco, en Oviedo, es uno de ellos. Inaugurada en 1906, fue una construcción moderna y simbólica que conectaba la ciudad con la línea de Ujo a Trubia. En 1989, su demolición supuso una de las pérdidas más dolorosas para el patrimonio industrial asturiano. Casi cuatro décadas después, parte de aquella historia regresa.

El Museo del Ferrocarril de Asturias, en Gijón/Xixón, acoge una exposición que recupera por primera vez elementos originales de aquella estación: columnas, puertas, planos inéditos, fotografías y documentación que permiten reconstruir su historia y su valor. Muchos de estos objetos llevaban más de treinta años ocultos. Hoy, por fin, vuelven a ser visibles.

Me emociona especialmente que sea este museo el que lo haga posible. Para esta ciudad, lugares como el Museo del Ferrocarril son casas de aprendizaje, vehículos de recuerdo que nos enseñan lo que fuimos, nos explican lo que somos y nos abren camino a lo que queremos ser. Aquí la memoria se cuida, se trabaja y se comparte. No es solo una mirada al pasado, es también una herramienta para construir futuro.

No podemos recuperar la estación de El Vasco tal y como fue, pero sí podemos conservar lo esencial: su huella, su historia, su valor sentimental. Que sea precisamente la Estación del Norte, con más de 150 años de historia, quien acoja ahora esta exposición tiene un significado muy especial. Como si una estación hermana protegiera a la otra.
Os invito a visitar la exposición, a deteneros en cada pieza, a escuchar lo que cuenta. Porque hay historias que no deberían olvidarse. Y esta es, sin duda, una de ellas.


