La playa verde de El Rinconín lleva desde hoy el nombre de Luis Enrique Martínez García. Con este reconocimiento, la ciudad honra a una de las figuras más importantes del deporte mundial y a un gijonés que, allá donde ha ido, siempre ha reivindicado sus orígenes con orgullo.

Un espacio que cuenta quiénes somos
Gijón no elige al azar a quién dedica sus espacios. Ponerle nombre a una calle, a un parque, a un rincón junto al mar como este es una forma de contar quiénes somos, una forma de registrar y perpetuar nuestro orgullo.
Y pocas historias representan mejor ese orgullo eminentemente gijonés, esa forma única de estar y ver el mundo, que la de Luis Enrique. Repasar su vida es imaginar el Gijón de una generación que soñaba con triunfar en El Molinón y tocar el cielo. Él no solo lo logró: en su manera de lograrlo, en su innegociable sentido de la pertenencia y en la profunda honestidad con sus raíces, nos hizo sentir a todos que lo lográbamos con él. Nadie en Gijón es ajeno a los éxitos de Luis Enrique porque Luis Enrique nunca fue ajeno a Gijón.

De Pumarín al fútbol mundial
Nacido en 1970 y vecino del barrio de Pumarín, Luis Enrique inició su trayectoria futbolística en el colegio Elisburu y el Xeitosa, e ingresó a los once años en la Escuela de Fútbol de Mareo. Desde allí comenzó una carrera que lo llevó a ser pieza clave del Real Sporting de Gijón, el Real Madrid, el F. C. Barcelona y la selección española.
Tras colgar las botas, inició su etapa como entrenador con el mismo éxito. Ha dirigido a la A. S. Roma, al F. C. Barcelona, con el que conquistó un triplete, a la selección española y al Paris Saint-Germain, donde el año pasado ganó su segunda Champions League, la primera del club, lo que le ha valido la consideración de mejor entrenador del mundo.

Los valores de una ciudad
La carrera de Luis Enrique es inseparable de unos valores sobre los que esta ciudad ha forjado y moldeado su historia. La historia de Gijón, como la suya, es una historia de esfuerzo sin atajos, de valentía y, sobre todo, de fortaleza. Gijón ha sido muchas veces la capacidad de levantarse, de seguir adelante y de convertir el dolor en compromiso. Esta ciudad no teme al futuro porque sabe lo que es caerse y levantarse.
Por eso esta playa verde, que es un ejemplo de ese Gijón que no se rinde, es el mejor homenaje para alguien que representa todo eso como una forma de ser innegociable y honesta. Porque si en Gijón alguien pregunta por Luis Enrique, lo primero que le dirán es que es gijonés, y solo después vendrá el entrenador y el futbolista.

Un lugar para el disfrute de todos
Esta playa verde nace para el disfrute de todos: para quienes buscan un lugar de calma frente al mar, para quienes pasean, para las familias, para los mayores, para los niños que crecerán jugando aquí sin saber, quizás, todo lo que representa el nombre que lleva este lugar, hasta que alguien se lo cuente.
Y ese será también nuestro trabajo: que esta placa, este espacio, esta playa verde, sean una forma viva de contar la historia de Gijón a las generaciones que vienen. Contar que hay un gijonés que triunfó en todo el mundo y que, lejos de dejar de ser uno de los nuestros, nos hizo a todos partícipes de sus logros. Un hombre que, esté donde esté del mundo, nunca deja de decir de dónde viene.
Gracias, Luis, por representar Gijón allá donde has estado. Gracias por enseñarnos que se puede ser exigente y humano a la vez, fuerte y sensible, competitivo y solidario. Este espacio, a partir de hoy, es de toda la ciudad.



