En las últimas semanas se ha hablado mucho sobre la postura de Gijón respecto a la candidatura Asturias 2030 y la posibilidad de ser sede del Mundial. Desde el Ayuntamiento siempre hemos mantenido el mismo criterio.

Soy gijonesa y sportinguista, pero entiendo mi cargo desde una responsabilidad que debe anteponer siempre lo racional a lo sentimental. Nada me haría más feliz que decirle a la ciudad que vamos a volver a ser sede de un Mundial. Nada sería tan satisfactorio como saber cuánto cuesta organizar el Mundial, quiénes lo vamos a pagar y de qué forma.

La realidad, sin embargo, es que en esa carrera, en esa necesidad de tener algo más que ilusión, Gijón en este momento está sola. Agradezco al resto de las partes sus intentos por darle viabilidad al proyecto, pero un año y medio después de que se iniciara esta aventura, el Ayuntamiento, que es el responsable del estadio, sigue sin saber quién la paga. Sin conocer algo tan básico como eso, es imposible aceptar las exigencias de la FIFA. Unas exigencias que, en caso de incumplimiento, Gijón debería asumir en solitario. Unas exigencias que, si algo sale mal, hipotecarían a la ciudad y los proyectos destinados a marcar su futuro.

Nos ha costado mucho tomar esta decisión. Lo fácil en política hoy en día es firmar, hacerse la foto y dejar el problema para más tarde. No es mi estilo, no es el estilo de este equipo de gobierno y, creo honestamente, que no es el estilo que debe marcar el futuro de Gijón.

Cuando decidimos firmar la declaración de intenciones junto a la propiedad del Sporting y al Principado, lo hicimos como prueba de nuestro interés porque el proyecto avanzara, pero advirtiendo de que sin certezas sobre la financiación de la candidatura, el Ayuntamiento no iba a poder seguir adelante.

Desde diferentes ámbitos se me pide valentía. Yo os digo a los gijoneses que mi forma de ser valiente es no jugar, ni especular ni dilapidar el dinero de todos ellos.

Una administración pública no es una empresa. Hay ciertos riesgos que por responsabilidad con la ciudadanía no se deben asumir. Como yo entiendo la política, una ciudad no se puede lanzar al vacío sin saber antes si hay agua.

Seamos claros: el futuro de esta ciudad no depende de financiar un Mundial con dinero público. Gijón no depende de la FIFA. Gijón debe brillar con grandes eventos pero, sobre todo, Gijón debe brillar por sí misma. El futuro de esta ciudad, que es mucho, se escribe día a día. Vamos a por ello.